Fotografía terapéutica

¿Qué es?

 

La fotografía terapéutica es un método de acompañamiento donde la imagen se pone al servicio del ser humano. Existen muchísimas formas de acompañar a las personas en sus procesos de vida, el diálogo con la imagen, con su propia imagen, es una de tantas, ni más ni menos válida que las otras. Sólo le corresponde al o a la que lo necesita.

Este método sirve para anclar y representar en un soporte material los procesos emocionales, físicos, mentales y espirituales creando en el camino de la persona puntos de referencia claves y materializados en una fotografía. El trabajo terapéutico no se termina en la sesión, esta es sólo el primer paso. A partir de ahí, cada vez que la persona vuelve a mirar la foto, su interior, su determinación y su intención junto a la claridad de cuando la foto fue tomada, surgen de nuevo creando un dialogo evolutivo y permanente entre la persona y, en definitiva, su ser interior.

Los pilares del Método

 

El método está basado en parte en una técnica de intervención establecida por Carl Rogers, pilar de la psicología humanista. Trabajamos en el aquí y en el ahora, usando tres pilares. La empatía, que permite conectar con lo que siente la persona y por lo tanto escucharla realmente (escucha activa). La congruencia, que sería como la autenticidad del terapeuta, por la que conecta con sus propias sensaciones, en resonancia con las del cliente. Y la aceptación incondicional del proceso en el que se encuentra el cliente, es decir que el terapeuta se basa en la confianza absoluta de las capacidades del cliente. Sólo interviene para que el cliente pueda encontrarlas.

La otra parte del método proviene de una sensibilidad energética y corporal cultivada en mi formación en bio-energética.

 

Entonces, los dos métodos tienen el mismo objetivo: que la persona pueda encontrarse, a ella misma y también a sus propias herramientas.

El método y la fotografía

 

Pues es allí donde el arte vuelve a encontrar sus raíces verdaderas, las que dibujaron los movimientos de la vida en las paredes oscuras de las cavernas. Representar y transcender la vida real desde la intimidad del ser.

En lo personal, en mi evolución como fotógrafo, siento esta necesidad de aportar, tal como puedo, este servicio a la gente que lo necesita. Necesito que mi fotografía tenga alcances humanos, necesito que sirva a algo más que a los egos o los cánones de las bellezas efímeras de un mundo que utiliza la apariencia como el disfraz de nuestro vacío. Necesitamos aquella sustancia que nos hace seres vivos antes de seres consumidores. El arte, el arte-terapia ayuda a eso.  

Entonces entre el proceso terapéutico y la fotografía hay un mundo de posibilidades que llenamos, tú y yo. Con la sustancia humana que aportas y con la mirada que devuelvo. Luego se trata de un poco de técnica, un poco de luz, algunos gramos de tiempo, de valentía y de confianza.

¿A quién le puede servir? 

 

A cada persona que necesita transitar por la relación con su propia imagen. La tela de fondo puede ser tanto el plano físico como el plano emocional o espiritual, es decir que podemos trabajar con el cuerpo y los procesos de aceptación-rechazo que lo rodea, sea por enfermedad o por visión de sí mimo. En este caso hablamos poco y dejamos que fluyen las tomas y que caigan las capas. Puede que el proceso mismo de revelarse frente a un lente y a un fotógrafo sea más fuerte que la foto misma. Por eso recordamos que la foto en sí actúa como un activador de la memoria, y así la persona reconecta con el momento que se desveló, encontrando aceptación, valentía, voluntad…

Luego existe el mundo de las intenciones. Muchas veces tenemos intenciones pero nos cuesta seguirlas a través los remolinos de la existencia. En el estudio se aclara, se profundiza, se agudiza esta intención y solamente cuando estamos claros con ella sacamos unas fotos. Habremos creado un pacto. Pasa lo mismo con el mundo de las emociones. Aclarar, identificar, reconocer y cuando aprendemos a diferenciarnos de aquella emoción entonces sacamos la foto. Es un acto importantísimo y es maravilloso cuando la persona crea un espacio entre la emoción y ella misma. Es un momento efímero, pero que juntos podemos materializar en una imagen.  

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